La represión política en Bielorrusia, bajo el régimen de Alexander Lukashenko, se ha intensificado desde las elecciones presidenciales de 2020. Aunque la persecución afecta a toda la sociedad civil y a la oposición en general, las mujeres se han convertido en un objetivo particular debido a su papel destacado en las protestas masivas. Líderes opositoras como Svetlana Tijanóvskaya, María Kolésnikova y Veronika Tsepkalo simbolizaron el desafío al poder establecido, liderando las manifestaciones y convirtiéndose en referentes de la resistencia. Sin embargo, esta visibilidad ha conllevado un alto precio: muchas han sido encarceladas, obligadas a exiliarse o sometidas a acoso y tortura.