Tiro por la espalda

Ese día decidió irse a cazar pavos a un rancho en el que su padre dueño en California – al sur de las montañas de Sierra Nevada.

Salió con la familia, y se separaron para mejorar su efectividad.

Durante unos minutos, todo parecía tranquilo, hasta que uno de ellos escuchó un movimiento detrás de él, se dió la vuelta y disparó a un arbusto.​

Un disparo de aproximadamente 60 perdigones le alcanzó de lleno en la espalda.

Las heridas amenazaban su vida, pero por suerte, un helicóptero de la policía estaba en el aire y cerca de la escena

Le trasladaron en un vuelo médico de 15 minutos al Centro Médico de la Universidad de California

Tuvo una cirugía de emergencia. Muy tocado su pulmón derecho, había sangrado mucho, perdiendo el 65% de su volumen de sangre.

El doctor le informaría después que, si hubiera sangrado por 20 minutos más, hubiera fallecido.

La operación le salvó la vida, pero 4 meses después desarrolló complicaciones intestinales.​ Se sometió a otra cirugía para solventar estos nuevos problemas.


No es muy habitual, pero en el ámbito profesional pueden surgir situaciones similares.

Una pregunta, un comentario o incluso un silencio son auténticos tiros en la espalda para el mensaje para los objetivos y el mensaje de nuestra presentación.

Las preguntas más peligrosas son aquellas que provienen de miembros del equipo o mandos funcionales puesto que sus conocimientos e intereses de la materia presentada son muy altos.

Y por supuesto si hay intereses de por medio.

Mucho más sibilino es un comentario sin importancia pero con un contenido susceptible de abrir dudas entre los asistentes.

Incluso un silencio, puede descubrir debilidades.

Ante estas preguntas, SÍ podemos actuar, pero respetando 3 características:

  • No pierdas la calma. Es fácil de decir verdad, pero no de hacer. Es posible que lo que se busque sea desestabilizar. Crear un clima de dudas o incluso un enfrentamiento directo. Ante esta situación, la calma es la primera parte de la respuesta. Y sobre todo recuerda que en la mayoría de las ocasiones, el que más sabe de la materia eres tú.
  • Comprende bien la pregunta y si hace falta, pide más aclaraciones al interlocutor. Nos servirá para buscar resquicios, buscar una respuesta y por qué no decirlo, para ganar tiempo para ello.
  • Ofrece un respuesta lógica. Inicia repitiendo el mensaje original, tus razones y tus conclusiones. Pero por supuesto, es posible que no la tengamos en ese momento. Haz la propuesta de analizar el punto y volver con la solución tras haberlo analizado en detalle.

En definitiva, no tiramos la toalla. Tenemos recursos suficientes para afrontar estos baches durante las presentaciones.

Quizás el tiempo para encontrar una salida o solución no es el que desearíamos pero mostremos la voluntad para hacerlo.


Greg LeMond, estaba preocupado de que el equipo lo dejara si se enteraban que el accidente y sus complicaciones. Era un momento muy incierto para saber si podría continuar con su carrera profesional al máximo nivel.

Con 35 perdigones de escopeta en su cuerpo, incluyendo tres en el forro de su corazón y cinco más incrustados en su hígado, LeMond intentó regresar a competir en 1988. Su regreso se vio obstaculizado por sobre entrenamiento, lo que resultó en una tendinitis en su espinilla derecha.

En el Tour de Francia de 1989, LeMond no era considerado como candidato para la clasificación general. Su esperanza más optimista era terminar su último Tour en los 20 primeros.

Sin el peso de las expectativas y otras presiones de ser un favorito del Tour, LeMond sorprendió a los observadores con una fuerte rodada en Luxemburgo, terminando cuarto de 198 ciclistas.

Impulsado por el resultado, LeMond continuó rodando bien en las etapas planas del principio, y ganando el maillot amarillo de líder de la carrera por primera vez en tres años.

Y en 1990 lo volvió a hacer también.

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